General

Domingo Savio

Santo Domingo Savio                  

Estudiante
(1857)

 

 Domingo significa: El que está consagrado al Señor.

Entre los miles de alumnos que tuvo el gran educador San Juan Bosco, el más famoso fue Santo Domingo Savio, joven estudiante que murió cuando apenas le faltaban tres semanas para cumplir sus 15 años.

Nació Domingo Savio en Riva de Chieri (Italia) el 2 de abril de 1842.
Era el mayor entre cinco hijos de Ángel Savio, un mecánico muy pobre, y de Brígida, una sencilla mujer que ayudaba a la economía familiar haciendo costuras para sus vecinas.
Desde muy pequeñín le agradaba mucho ayudar a la Santa Misa como acólito, y cuando llegaba al templo muy de mañana y se encontraba cerrada la puerta, se quedaba allí de rodillas adorando a Jesús Eucaristía, mientras llegaba el sacristán a abrir.
El día anterior a su primera confesión fue donde la mamá y le pidió perdón por todos los disgustos que le había proporcionado con sus defectos infantiles. El día de su primera comunión redactó el famoso propósito que dice: "Prefiero morir antes que pecar".
A los 12 años se encontró por primera vez con San Juan Bosco y le pidió que lo admitiera gratuitamente en el colegio que el santo tenía para niños pobres. Don Bosco para probar que tan buena memoria tenía le dio un libro y le dijo que se aprendiera un capítulo. Poco tiempo después llegó Domingo Savio y le recitó de memoria todo aquel capítulo. Y fue aceptado. Al recibir tan bella noticia le dijo a su gran educador: "Ud. será el sastre. Yo seré el paño. Y haremos un buen traje de santidad para obsequiárselo a Nuestro Señor". Esto se cumplió admirablemente.
Un día le dijo a su santo confesor que cuando iba a bañarse a un pozo en especial, allá escuchaba malas conversaciones. El sacerdote le dijo que no podía volver a bañarse ahí. Domingo obedeció aunque esto le costaba un gran sacrificio, pues hacía mucho calor y en su casa no había baño de ducha. Y San Juan Bosco añade al narrar este hecho: "Si este jovencito hubiera seguido yendo a aquel sitio no habría llegado a ser santo". Pero la obediencia lo salvó.
Cierto día dos compañeros se desafiaron a pelear a pedradas. Domingo Savio trató de apaciguarlos pero no le fue posible. Entonces cuando los dos peleadores estaban listos para lanzarse las primeras piedras, Domingo se colocó en medio de los dos con un crucifijo en las manos y les dijo: "Antes de lanzarse las pedradas digan: <<Jesús murió perdonando a los que lo crucificaron y yo no quiero perdonar a los que me ofenden>>". Los dos enemigos se dieron la mano, hicieron las paces, y no se realizó la tal pelea. Por muchos años recordaban con admiración este modo de obrar de su amiguito santo.


 Cada día Domingo iba a visitar al Santísimo Sacramento en el templo, y en la santa Misa después de comulgar se quedaba como en éxtasis hablando con Nuestro Señor. Un día no fue a desayunar ni a almorzar, lo buscaron por toda la casa y lo encontraron en la iglesia, como suspendido en éxtasis. No se había dado cuenta de que ya habían pasado varias horas. Tanto le emocionaba la visita de Jesucristo en la Santa Hostia.
Por tres años se ganó el Premio de Compañerismo, por votación popular entre todos los 800 alumnos. Los compañeros se admiraban de verlo siempre tan alegre, tan amable, y tan servicial con todos. El repetía: "Nosotros demostramos la santidad, estando siempre alegres".
Con los mejores alumnos del colegio fundó una asociación llamada "Compañía de la Inmaculada" para animarse unos a otros a cumplir mejor sus deberes y a dedicarse con más fervor al apostolado. Y es curioso que de los 18 jóvenes con los cuales dos años después fundó San Juan Bosco la Comunidad Salesiana, 11 eran de la asociación fundada por Domingo Savio.
En un sueño - visión, supo que Inglaterra iba a dar pronto un gran paso hacia el catolicismo. Y esto sucedió varios años después al convertirse el futuro cardenal Newman y varios grandes hombres ingleses al catolicismo. Otro día supo por inspiración que debajo de una escalera en una casa lejana se estaba muriendo una persona y que necesitaba los últimos sacramentos. El sacerdote fue allá y le ayudó a bien morir.
Al corregir a un joven que decía malas palabras, el otro le dio un bofetón. Domingo se enrojeció y le dijo: "Te podía pegar yo también porque tengo más fuerza que tú. Pero te perdono, con tal de que no vuelvas a decir lo que no conviene decir". El otro se corrigió y en adelante fue su amigo.
Un día hubo un grave desorden en clase. Domingo no participó en él, pero al llegar el profesor, los alumnos más indisciplinados le echaron la culpa de todo. El profesor lo regañó fuertemente y lo castigó. Domingo no dijo ni una verdad, el profesor le preguntó por qué no se había defendido y él respondió: "Es que Nuestro Señor tampoco se defendió cuando lo acusaron injustamente. Y además a los promotores del desorden sí los podían expulsar si sabían que eran ellos, porque ya han cometido faltas. En cambio a mí, como era la primera falta que me castigaban, podía estar seguro de que no me expulsarían". Muchos años después el profesor y los alumnos recordaban todavía con admiración tanta fortaleza en un niño de salud tan débil.
La madre de San Juan Bosco, mamá Margarita, le decía un día a su hijo: "Entre tus alumnos tienes muchos que son maravillosamente buenos. Pero ninguno iguala en virtud y en santidad a Domingo Savio. Nadie tan alegre y tan piadoso como él, y ninguno tan dispuesto siempre a ayudar a todos y en todo".
San Juan Bosco era el santo de la alegría. Nadie lo veía triste jamás, aunque su salud era muy deficiente y sus problemas enormes. Pero un día los alumnos lo vieron extraordinariamente serio. ¿Qué pasaba? Era que se alejaba de su colegio el más amado y santo de todos sus alumnos: Domingo Savio. Los médicos habían dicho que estaba tosiendo demasiado y que se encontraba demasiado débil para seguir estudiando, y que tenía que irse por unas semanas a descansar en su pueblo. Cada mes, en el Retiro Mensual se rezaba un Padrenuestro por aquel que habría de morir primero. Domingo les dijo a los compañeros: "el Padrenuestro de este mes será por mí". Nadie se imaginaba que iba a ser así, y así fue. Cuando Dominguito se despidió de su santo educador que en sólo tres años de bachillerato lo había llevado a tan grande santidad, los alumnos que lo rodeaban comentaban: "Miren, parece que Don Bosco va a llorar". - Casi que se podía repetir aquel día lo que la gente decía de Jesús y un amigo suyo: "¡Mirad, cómo lo amaba!".
Domingo Savio estaba preparado para partir hacia la eternidad. Los médicos y especialistas que San Juan Bosco contrató para que lo examinaran comentaban: "El alma de este muchacho tiene unos deseos tan grandes de irse a donde Dios, que el débil cuerpo ya no es capaz de contenerla más. Este jovencito muere de amor, de amor a Dios". Y así fue.
El 9 de marzo de 1857, cuando estaba para cumplir los 15 años, y cursaba el grado 8º. De bachillerato, Domingo, después de confesarse y comulgar y recibir la Unción de los enfermos, sintió que se iba hacia la eternidad. Llamó a su papacito a que le rezara oraciones del devocionario junto a su cama (la mamacita no se sintió con fuerzas de acompañarlo en su agonía y su fue a llorar a una habitación cercana). Y a eso de las 9 de la noche exclamó: "Papá, papá, qué cosas tan hermosas veo" y con una sonrisa angelical expiró dulcemente.
A los ocho días su papacito sintió en sueños que Domingo se le aparecía para decirle muy contento que se había salvado. Y unos años después se le apareció a San Juan Bosco, rodeado de muchos jóvenes más que están en el cielo. Venía hermosísimo y lleno de alegría. Y le dijo: "Lo que más me consoló a la hora de la muerte fue la presencia de la Santísima Virgen María. Recomiéndele a todos que le recen mucho y con gran fervor. Y dígales a los jóvenes que los espero en el Paraíso".
Hagamos el propósito de conseguir la hermosa Biografía de Santo Domingo, escrita por San Juan Bosco. Y hagámosla leer en nuestra familia a jóvenes y mayores. A todos puede hacer un gran bien esta lectura.

 

Domingo: ¡Quiero ser como tú!.

Don Bosco

 

DON BOSCO, PADRE Y MAESTRO DE LA JUVENTUD 

 

Don Bosco nació en I Becchi (pequeña aldea campesina situada cerca de Turín, al norte de Italia) el 16 de agosto de 1815. Recibió el ejemplo y los consejos de su madre Margarita. Vivió una infancia en pobreza y solidaridad. Mamá Margarita fue su primera educadora en lo humano y en lo cristiano. Conjugó en la educación de su hijo cariño, fe y exigencia. A los nueve años intuyó en un sueño que su vida estaría dedicada a la educación de los jóvenes pobres y abandonados. Comenzó a prepararse para esta tarea desde niño. Cuando apenas contaba con diez años entretenía a otros compañeros con juegos, narraciones, números de prestidigitación, malabarismos... y una sencilla instrucción religiosa. · Su vida iba decantándose hacia esta misión. Trabajó en diversos oficios para pagarse sus estudios. Ordenado sacerdote en 1841, comienza a ayudar a los jóvenes más pobres que llegaban a Turín a buscar trabajo en plena revolución industrial. Según citan autores de la época: "Las casas de los obreros están en sótanos, en cada uno de los cuales se hacina toda la familia, sin aire, sin luz, mal olientes por la humedad y los desagües. En las fábricas no hay medidas higiénicas, ni más reglamento que el impuesto por el patrón. Un salario de hambre permiten una nutrición totalmente insuficiente. · Su comida ordinaria es verdura hervida... A la fábrica van también los chiquillos, y su vida se convierte en un tormento. La fatiga (aguantan en pie toda la jornada laboral, está prohibido sentarse), el sueño, el cansancio provocan frecuentes accidentes laborales. Por otro lado, la vida de estos pequeños desgraciados resulta muy corta" · Don Bosco busca la forma de mejorar la situación en la que se halla la juventud. Y para los jóvenes abandonados y necesitados crea nuevas iniciativas que garanticen una educación integral que les permita crecer con dignidad. La primera iniciativa fue el Oratorio, un prado o un patio amplio en el que los jóvenes pueden correr y expansionarse. Luego vendrán las escuelas nocturnas, los talleres profesionales para aprendices, una catequesis adaptada a los muchachos, los primeros contratos de trabajo, la imprenta... Con todos estos medios Don Bosco busca formar "honrados ciudadanos y buenos cristianos". Y la casa de Don Bosco se convierte en familia que acoge, patio para jugar, escuela que prepara para la vida y parroquia que evangeliza. Más tarde, para proseguir la labor iniciada funda la Congregación Salesiana, que se extiende por toda Italia, Francia y España. Entre sus jóvenes Don Bosco encontró a los mejores colaboradores y a los primeros salesianos que propagarán su obra por todo el mundo. Amplió el horizonte y envió a sus salesianos a Latinoamérica. La obra salesiana borra fronteras y adquiere dimensión de mundialidad junto a los jóvenes y las clases populares. Don Bosco es el educador de los tiempos modernos: se hace escritor y editor, predica, confiesa, orienta la labor pedagógica con el Sistema Preventivo, propaga la devoción a María Auxiliadora, publica libros de ciencia y religión... y se muestra siempre cercano y amigo de los muchachos. Junto con María Mazzarello fundó el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora para atender a las muchachas necesitadas. Amplió su obra educativa integrando en ella a los seglares, a quienes orientó en su misión apostólica a través de los Cooperadores Salesianos. Don Bosco murió el 31 de enero de 1888. El médico que le atendió afirmó que su organismo estaba "gastado como un traje". Todos los minutos de su vida habían estado dedicados a los jóvenes. Con motivo del centenario de su muerte, Juan Pablo II le declaró: Padre y Maestro de la Juventud.

Nuestra Casa

ORÍGENES DEL COLEGIO SALESIANO “SANTO DOMINGO SAVIO” DE LA PALMA DEL CONDADO

 (Se presenta un extracto del libro escrito por D. Manuel Ramírez Cepeda sobre la historia del Colegio salesiano de La Palma del . Este liubro verá la luz con ocasión de la celebración del cincuentenario de nuestro Colegio en 2011) 


El proyecto de fundación de una Casa Salesiana en La Palma del Condado (Huelva) pasó por arduas pero apasionantes fases y gestiones, surgidas desde finales de los años cincuenta del siglo pasado.

Dos concretas y oportunas coyunturas favorecían la materialización de tan ilusionante proyecto.

Por una parte, resulta pertinente reseñar que en aquellas fechas había quedado disponible el amplio edificio palmerino del Grupo Escolar (antiguo Hospital de Jesús), propiedad del Ayuntamiento y situado en la calle Antonio Soldán, pues ya existía el decidido propósito oficial de construir de manera inmediata -en otros sectores de la población- dos pabellones escolares que lo sustituyesen. Se trataba de un notable edificio municipal levantado entre los años 1880 y 1886 y que, desde su misma apertura, había pasado por numerosas vicisitudes y por diversos destinos de aplicación social. Era entonces nuevo Alcalde de La Palma D. Manuel Díaz García, quien desde el primer momento se volcó en pro de la fundación salesiana.

Y, por otra parte, conviene reseñar que la Inspectoría Salesiana de Sevilla (regida, a la sazón, por D. José Ruiz Olmo) venía buscando con urgencia una nueva sede donde albergar a los jóvenes del Aspirantado, hasta ahora alojados de manera provisional en unas precarias instalaciones que no presentaban las más mínimas condiciones de habitabilidad. Estaban ubicadas junto a la ermita de Ntra. Sra. de la Consolación, en Utrera. ··

Además, a esta doble y básica coyuntura habría que añadir otras circunstancias favorecedoras del proyecto. No olvidemos, en este sentido, que ya entonces existía en La Palma un terreno bien abonado para la germinación de la semilla salesiana gracias sobre todo a la tradicional devoción en la localidad a María Auxiliadora, la Madre de los Salesianos, tanto en la parroquia (desde los años cuarenta) como en determinados hogares particulares (desde principios de siglo).

Asimismo eran fechas de palpable auge, a todos los niveles, del espíritu salesiano y de la señera figura de su fundador:· San Juan Bosco. En esta línea, el primer Obispo de la joven Diócesis de Huelva (D. Pedro Cantero Cuadrado) ya desde el principio de su mandato venía abrigando la ilusión de extender pronto, en toda la provincia onubense, ese intenso movimiento salesiano que se respiraba en el ambiente. Igualmente la iglesia de La Palma (regentada por el veterano párroco D. Paulino Chaves Castaño) movió sus resortes para que la localidad acogiese lo antes posible a los Salesianos.

En definitiva, La Palma del Condado contaba con todos los ingredientes a su favor para ser la anfitriona de esa sede salesiana que, con tanta premura, los Superiores de la Orden estaban buscando en la región para instalar más dignamente a sus jóvenes aspirantes al sacerdocio.

Aquella ocasión de oro, quizás irrepetible, fue rápida y hábilmente aprovechada por el potentado empresario local D. Salvador Noguera Pérez para dar el paso cualitativo y asumir el patrocinio económico de la Fundación. Esa providencial determinación, así como sus consecuentes y acelerados trámites burocráticos, se produjeron concretamente durante la primavera de 1961.


Buen conocedor del movimiento salesiano (sobre todo desde su institución de Alcalá de Guadaira), primeramente D. Salvador Noguera adquirió por permuta el referido edificio del Grupo Escolar y luego -acto seguido- lo donó a la Congregación Salesiana.

Además, el propio D. Salvador Noguera corrió con todos los cuantiosos gastos de adecentamiento y remodelación del recinto:· necesarios trabajos con el fin de adaptarlo a Seminario Menor para alumnos internos y Colegio de Bachillerato para alumnos externos. Fue entonces cuando el edificio experimentó una cualitativa modificación en su arabizante fachada... y fue entonces también cuando se levantó su segunda planta. Ya antes, a principios de los años treinta, se había construido su primera planta para habilitar el recinto precisamente como Grupo Escolar.

Las importantes obras, llevadas a cabo por la empresa Hidrocivil con la supervisión del Economato Salesiano, se prolongaron desde julio de 1961 hasta enero de 1962. Es decir, los trabajos de readaptación del edificio continuaron varios meses después de la llegada a La Palma de la comunidad salesiana.

En esa ardua empresa de instituir una Fundación Salesiana para La Palma, de tan positivas consecuencias religiosas y educativas en la población palmerina y en toda su comarca, el matrimonio fundador del nuevo Colegio Salesiano ‘Santo Domingo Savio’ (D. Salvador Noguera Pérez y Dª Francisca Espinosa Fontdevila) estuvo arropado en todo momento por una larga serie de influyentes personalidades y organismos:· sacerdotes salesianos, la Parroquia y la Alcaldía palmerinas, el Obispado onubense, la Inspectoría Provincial de Educación, Gobierno Civil, Diputación, el Magisterio local... Además, el pueblo llano venía pidiendo asimismo la pronta arribada de los Salesianos al lugar. Así consta en las crónicas periodísticas de la época.

Tras varias e intensas semanas de preparativos y traslados de enseres, los Salesianos llegaban a La Palma -por fin- en la plomiza pero en el fondo radiante tarde del viernes 10 de noviembre de 1961.

El primer Director del Colegio, D. José Mª López Verdugo, recordaba recientemente desde Chile a la revista Corumbel algunos detalles de aquella histórica jornada:

“Por la mañana nos despedimos del Santuario de Consolación de Utrera. Fue un momento muy entrañable y emocionante. Se producía el cierre de una Casa de Formación, en la que se habían formado centenares de jóvenes salesianos durante largo tiempo;· y en el mismo día comenzábamos una nueva etapa en un nuevo lugar, donde sabíamos se esperaba con mucha ilusión a los salesianos. Aquella mañana celebramos en el Santuario la última Eucaristía con emoción y fervor. Fuimos pasando cada uno por el camarín de la Virgen de Consolación, agradeciéndole a nuestra buena Madre toda la historia vivida por los salesianos bajo su amparo y auxilio. Fueron momentos muy emotivos...

Al atardecer de aquel día llegamos a La Palma del Condado. Dejamos paquetes y maletas en el nuevo Colegio, todavía en construcción, y consideramos que debía ser el Señor quien tomara posesión -antes que nadie- de la nueva Casa Salesiana. Por eso, antes de organizarnos, nos dirigimos todos a la Parroquia para traer al Sagrario de la nueva Capilla el Santísimo Sacramento. Y fue así como se organizó, sin pretenderlo, una numerosa y fervorosa procesión de Corpus desde la Parroquia hasta el nuevo Colegio.


Antes, al llegar a la Parroquia, el revolotear de las campanas anunciaba que -por fin- habían llegado los esperados salesianos. Nuestros niños aspirantes, revestidos en buen número de monaguillos, y nuestro coro de niños (expertos y artistas con sus voces y cantos) fueron una grata y sorpresiva nota de alegría y simpatía, actitud que sería luego la forma y estilo de ser en la nueva presencia salesiana.

Los palmerinos acudieron en masa a aquella novedosa procesión. Todos nos sentíamos felices. Desde el primer momento se estableció una empatía entre palmerinos y la nueva comunidad salesiana, lo cual nos facilitaría todo el trabajo que en años posteriores se fue realizando.

Al llegar la espontánea procesión al Colegio, se repletaron la Capilla, el patio y los pasillos. Aquello era ya una fiesta. Recuerdo, emocionado todavía, aquella tarde entrando con el Señor en la Capilla para que Él tomara posesión de su Casa. Dije unas palabras de saludo y agradecimiento, concluyendo con la bendición del Santísimo. Aquella tarde, nos habíamos encontrado con centenares de nuevos amigos”


La primera comunidad salesiana afincada en La Palma estaba constituida por ocho educadores. Cuatro de ellos eran sacerdotes:· D. José Mª López Verdugo, D. Salvador Bermudo Jiménez, D. Ramón Menor Conde y D. Francisco Flores Fernández. Los otros cuatro eran asistentes:· D. Antonio García Herrera, D. Rafael Pérez Romero, D. Diego Pérez García y D. Antonio Luque Castro.

Con ellos llegaron los internos del segundo curso del Aspirantado (algo más de cien jóvenes). En semanas posteriores, ya con las obras manifiestamente avanzadas, se incorporarían al Colegio los primeros externos y los aspirantes del primer curso.

La primera etapa de presencia salesiana en La Palma del Condado se prolongó durante un corto trimestre;· exactamente hasta finales de enero de 1962, es decir, cuando por fin terminaron (aunque no del todo) los trabajos de re-adaptación del Centro. Fue un lógico período de aclimatación, jalonado además por no pocas incomodidades· debidas sobre todo a las obras y a los temporales. Pero ello no fue óbice para que enseguida los Salesianos pusieran en funcionamiento su dinámica maquinaria educativa y formativa, compenetrándose muy pronto con el pueblo de La Palma y practicando en todos los ámbitos su siempre-alegre entusiasmo.

A partir de entonces, y con la ampliación del segundo patio en terrenos de viñas, comenzaba la segunda etapa del Colegio Salesiano ‘Santo Domingo Savio’. Extendida entre febrero de 1962 y mayo de 1963, iba a ser una fase singularmente intensa e interesante ya que se caracterizaría por la celebración de las primeras extraordinarias festividades salesianas en la localidad, por la inauguración de emblemáticos azulejos, por el arraigamiento del espíritu salesiano en La Palma y por la· creación de las principales células del Colegio:· los Antiguos Alumnos, el Oratorio Festivo y su hojilla informativa Siempre Alegres, la Archicofradía de María Auxiliadora, la Rondalla, los Cooperadores, la Banda de Cornetas y Tambores... Esta fase tendría su broche final en la rotulación de la calle del Colegio con el nombre de María Auxiliadora, simultánea a la nueva coronación de su imagen titular.

Todo ello -y mucho más- arrancaría desde aquel apoteósico 10 de noviembre de 1961, gracias a la llegada física de los Salesianos a la ciudad. Como manifestase el primer Director del Colegio en la prensa local de la época, “en esa fecha se había comenzado a escribir una hermosa página en la historia de La Palma del Condado”.

 

MANUEL RAMÍREZ CEPEDA

Los salesianos en el mundo

Informaciones históricas
El 8 de diciembre de 1859 en Turín Valdocco, con 17 miembros además del fundador Don Juan Bosco (tenia 44 años), bajo el nombre de Pía Sociedad de San Francisco de Sales, nace la Congregación Salesiana. El 2 de febrero de 1860 es aceptado el primer miembro coadjutor. El 23 de julio de 1864 llega de la Santa Sede el "decreto de elogio de la Sociedad". Más tarde, el 1 de marzo de 1869, su aprobación. Finalmente, el 3 de abril de 1874 la aprobación de las Constituciones por parte de la Santa Sede. Identidad El artículo 2 de las Constituciones afirma: "Nosotros, Salesianos de Don Bosco (SDB), formamos una comunidad de bautizados que, dóciles a la acción del Espíritu, entienden realizar una específica forma de vida religiosa el proyecto apostólico del fundador: ser en la Iglesia signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes, especialmente a los más pobres".
Misión y actividad
Fieles al empeño que Don Bosco ha transmitido, los Salesianos son evangelizadores de los jóvenes, especialmente los más pobres; tienen un cuidado particular por las vocaciones apostólicas; son educadores de la fe en los ambientes populares, en particular con la comunicación social; anuncian el evangelio a los pueblos que aún no lo conocen. Las actividades atendidas por los Salesianos de Don Bosco son: a) Directamente educativas: Oratorios y Centros Juveniles, Escuelas de diversos grados y Centros profesionales, Internados y Casas para jóvenes en dificultad, Universidades, Centros de catequesis y de pastoral. b) Directamente evangelizadoras: las parroquias confiadas a los Salesianos son cerca de 1000. La Congregación ha nacido de un "catecismo" y hace suya la preocupación de la nueva evangelización en el mundo moderno. c) Directamente misioneras: Los Salesianos trabajan en varios territorios de misión, se puede decir, de todos los continentes. Después de América Latina, los Salesianos han lanzado el "Proyecto Africa". Se puede hablar también de un conjunto de "servicios para China"
Salesianos y Familia Salesiana
Desde Don Bosco surge un vasto movimiento de personas que, de diversas formas, trabajan por la salvación de los jóvenes. El mismo, además de la Sociedad de San Francisco de Sales, fundó el Instituto de las Hijas de Mª Auxiliadora y la Asociación de los Cooperadores Salesianos que, viviendo del mismo espíritu y en comunión entre ellos, continúan la misión por él iniciada, con vocaciones específicas diversas. Juntos, estos grupos, y otros nacidos después, forman la Familia Salesiana. En ella, los Salesianos, por voluntad del fundador, tienen particulares responsabilidades: Mantener la unidad del espíritu Estimular al diálogo y la colaboración fraterna para un recíproco enriquecimiento y una mayor fecundidad apostólica

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